Opinión - 08/05/2013
"Asiático X". Paco Pérez
Autor:
Francisco Pérez Caballero
"47 cables y escalera"

 

 

¿Cómo debe ser que se derrumbe el edificio en el que estás? Mientras vivía en España jamás, o casi nunca, me pregunté algo así. ¿Y que se descuelgue el ascensor?

Nunca he visto tantos cadáveres ni he pensado tanto en mi propia muerte como en los años que he vivido en Bangladesh.

Últimamente, cada vez que algún desastre de Bangladesh llama la atención de los anestesiados medios de comunicación occidentales, los periódicos se ponen en contacto conmigo para que les cuente lo malo que es Bangladesh y lo malos que son los malvados empresarios que se aprovechan de la miseria del país. En esas entrevistas siempre pido mi anonimato, por la sencilla razón de que yo les cuento A y ellos publican A+B. La B no es mía y no quiero suscribirla a ciegas, ni representarla. La B además suele ser carnaza.

Como afortunadamente este rincón es mío puedo firmar con mi nombre cada palabra que digo aquí. Sin añadidos ni descontextualización.

Yo en Bangladesh he sido feliz y lo sigo siendo cada vez que pongo el pie en su desastroso aeropuerto. Durante un tiempo hubo un eslogan en los anuncios de los pasillos que decía Bangladesh. Ven antes de que vengan los turistas. Lo gracioso era la verdad que constataba, que a nadie en el mundo se le ocurre ir de turismo a Bangladesh.

Y he pensado mucho en la muerte viviendo allí, claro que sí. En verano la luz la cortan siete u ocho horas al día de forma alterna. Una hora con, una hora sin. La razón es que el país no genera suficiente electricidad para abastecer la demanda. La última vez que miré ese dato, hará un par de años, Bangladesh necesitaba seis gigavatios y generaba sólo dos o tres, de manera que había que repartirlos. Por algún motivo que desconozco, en mi barrio cortaban la luz a menos diez. Para ser exactos, en algún momento entre el minuto cuarenta y nueve y el cincuenta y dos. Cuando esperaba un ascensor y era la hora en la que había luz, antes de poner un pie dentro siempre miraba el reloj. Y treinta seis, puedo subir. Y cuarenta ocho, me espero por si cortan la luz, por si acaso. Si el corte te pilla dentro de un ascensor puede que el generador del edificio funcione y a los tres o cuatro minutos el ascensor continúe subiendo. Pero ¿y si no? Pasar calor durante una hora dentro de un ascensor oscuro tampoco es nada del otro mundo, yo puedo hacerlo sin ningún problema. Pero si ese ascensor está en un edificio de Bangladesh en el que el generador no ha funcionado entonces sí que me preocupo. Porque del fallo de un generador en Bangladesh a un incendio hay un paso. Ocurre habitualmente. ¿Y si te pilla un terremoto mientras estás atascado en el ascensor? En cinco años hemos vivido cinco terremotos en los alrededores de Bangladesh que en Dhaka, donde vivíamos, se sintieron sólo como temblores. Los cuadros traqueteando en la pared, las copas de vino bailando por la mesa, los hoteles del monopoly saltando por el tablero. Nada preocupante si no estás en Bangladesh, pero si estás allí entonces te lo tienes que tomar en serio.

En Bangladesh aprendí a convivir con el desastre. Casi todos lo hacemos. Los que no lo consiguen se marchan pronto del país. Aprender a convivir con el desastre implica correr muchos más riesgos que los que corres cuando vives en la civilización, pero es que si no, te quedas paralizado. No existe un lugar completamente seguro.

Cuando el monzón inunda las calles y tienes que andar con el agua por los tobillos la poesía de ese acto lo inunda todo, sin embargo el cableado de Bangladesh es tan extremadamente disparatado que puedes pisar un cable pelado bajo el agua y PUM, explotas como explotan los grandes cuervos negros que se posan en los transformadores de tensión en medio de la lluvia. PUM. Y todos los demás cuervos se ponen a graznar como locos.

He pasado infinidad de veces por la carretera donde está el edificio que se ha venido abajo, el Rana Plaza. Gente que yo conocía trabajaba allí y todavía no sé si están vivos o muertos. Ese edificio ha aguantado cinco o seis años en pie. Cuando visito una fábrica donde el suelo tiembla demasiado por las vibraciones de las máquinas intento quedarme cerca de algún muro que dé a la calle, por si acaso. Si tienes que salir de debajo de los escombros y sobre todo, si puedes moverte, es mejor estar a un metro del exterior que a veinte metros en el interior del edificio. El último edificio en el que recuerdo haber estado al que le temblaba el suelo salió ardiendo hace unos años por un cortocircuito del generador. No llegó a caerse.

Y me produce tanto espanto la gente que muere en Bangladesh por mil y un motivos como los que se lanzan en internet a llenar sus muros de incendiadas soflamas en contra del "malo". De un "malo" que, como ignoran todo sobre él, necesitan inventarse. Los espantos son distintos, pero son espantos ambos. El primero porque es terrible encontrar la muerte en un accidente y el segundo porque es un acto de linchamiento. Yo he visto linchar hasta la muerte a conductores de autobuses en Bangladesh. En medio de la calle. En varias ocasiones. La cosa funciona así: un autobús atropella a alguien, un segundo después el conductor sale corriendo por la puerta y por la cuenta que le trae, dos segundos después hay cincuenta, cien personas corriendo detrás de él. Diez minutos después, si no ha corrido lo suficiente, el conductor está muerto. Presenciar un acto de linchamiento es tan violento que el corazón se te pone a doscientas pulsaciones aunque estés sentado dentro de un coche. Sólo por el hecho de estar recordándolo al escribirlo, me tiemblan los dedos.

Juanito, sé que vas a leer esto y te voy a repetir lo que te repetí en mi último comentario, te conozco y ni por un nanosegundo he malinterpretado lo que querías decir. Pero toma nota de lo que cuento, es importante. Es importante huir de los linchamientos porque algunos no tienen marcha atrás y puede que el conductor del autobús fuera un loco cabrón al volante, pero puede que le fallaran los frenos. ¿Tú has visto los autobuses de Bangladesh? ¿Cómo deben andar de frenos esos autobuses?

Recuerdo la primera vez que nos subimos a un avión bangladeshi para volar de Bangkok a Dhaka. Por los agujeros del suelo se veían los cables y, como todavía no hablábamos bangla, cuando el piloto situó el avión en la cabecera de la pista de despegue y se puso a hablar no entendíamos lo que decía, pero cuando a continuación vimos a los pasajeros inclinar la cabeza al unísono y repetir las palabras entendimos que lo que el piloto estaba haciendo era rezar.

Carl Sagan, que era un hombre sabio e inteligente, dijo una vez: "Para hacer una tarta de manzana partiendo de cero, antes hay que crear el universo".

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